El buque "Esmeralda", símbolo de la impunidad criminal en Chile

 The "Esmeralda" ship, a symbol of criminal impunity in Chile

Home - Principal
Ultima Hora
News - Noticias - 2005
News - Noticias - 2004
News - Noticias - 2003
Take action-Actue
Victims-Victimas
History - Historia
Testimonios-Testimonies
Criminals-Criminales
Documentos-Documents
Contribucion-Contribution
Busqueda-Search
Links-Lazos
Who we are-Quienes somos

Testimonio de María Eliana Comené: "La Esmeralda y yo"




Partí con la idea de encontrar unos periodistas extranjeros con los que hablaría sobre mi detención a bordo de la Esmeralda y terminé en el puerto subiendo a la Esmeralda.


Todo parecía una de mis pesadillas recurrentes. Los amigos que se preocupan de cómo estoy, los marinos que revisaban una lista de personas no gratas entre las que aparecía un amigo que había sido marino constitucionalista. Había sido detenido por denunciar el golpe de estado y acusado de ser traidor a la Patria. Se le impidió seguir con nosotros. Esto me pareció peor que la realidad onírica, pues contradecía los 30 años pasados y los discursos de reconciliación tan frecuentes y ultrajados por los mismos miembros de las F.FAA.


Caminar tranquilamente por el molo en una tibia tarde de marzo me separaba de la realidad, volviendo a esa relación sicótica con el entorno que me rodeaba, era yo la que caminaba, pero me veía desde afuera, como si observara ese grupo de personas conocidas que conversaban y se reían de cosas sin ton ni son, desde lejos.


Al subir fuimos recibidos por un marinero que nos tomaba para no caer, su roce me produjo una descarga eléctrica que sacudió mi ser por entero, tuve que morderme para no largar una frase desagradable. Ese joven nada tenía que ver con los otros jóvenes de hacía 30 años, aunque vistiera un uniforme y su mentalidad fuera quizás la misma por "formación" profesional. Nos detuvieron por un momento y mi corazón se aceleró. Nos juntaron con otras personas y nos asignaron un joven grumete de agradable sonrisa, que comenzó a narrar como una lección bien aprendida, la gloriosa historia de ese Barco Emblemático que tanto representaba en nuestra historiaŠ No aguanté y con la mejor de mis calmas le pregunté si en esas escaleras que descendían estaban los baños, me miró con asombro y me dijo que sí a lo que yo le respondí que en esos baños había sido recibida hacía 30 años cuando había llegado detenida a ese "glorioso" barco y que ahí había descubierto la maldad humana. Me miró con más asombro aún y su expresión fue una mezcla de disgusto, asombro e incredulidad. ¿Mi objetivo había sido logrado? ¿Se acordaría de mis palabras cuando la "Dama Blanca" no pudiera anclar en los puertos del mundo?


Por un momento me aislé de mis amigos y al mirar el mar a través de los cables de las velas del barco volví a escuchar los gritos de los compañeros bajo la tortura, los llantos de las jóvenes asustadas (algunas solo estudiantes de liceo [escuela secundaria]) y el tremendo estruendo que provocaban las culatas de los fusiles al cerrar continuamente las puertas metálicas de los armarios del camarote colectivo de la tripulación donde nos tenían secuestrados.


Mi corazón se apretó al recordar a Miguel Woodward, amigo muerto por los efectos de la tortura sobre ese barco, que insistían era la representación de las glorias de la Armada chilena.


Evoqué a Miguel: alto, desgarbado, con una sonrisa joven y animosa. Lo recordé en la Universidad, cuando hacíamos clases y nos encontrábamos en los corredores o en las reuniones. Cuando en la sede del partido conversábamos de los últimos acontecimientos a cuando en las reuniones opinaba y a veces coincidíamos, otras no. Cuando -y esa fue para mi una fecha emblemática- llena de pena llegue al partido porque mis hijos se habían ido con el padre y él entre otros compañeros me consolaron y sus palabras me acompañaron por mucho tiempo. Era una persona de gran comprensión y calidez humana. ¡Otra de las personas amigas que nos arrebataron de modo violento e inhumano!


Ahora, mientras escribo, mis ojos se humedecen al recordar ese día de mi llegada al infierno de hace casi 30 años.


Después de estar gran parte del día en la 4ª Comisaría de Viña fuimos trasladados un grupo de personas, en un bus, hasta la entonces Intendencia de Valparaíso. Allí estuvimos largas horas con los brazos en altos y con la cara contra la pared. Llegó la noche y el salón ya oscuro se transformó en un lugar de sombras vociferantes y gente que caminaba apresuradamente con armas empuñadas y apuntadas amenazantes contra nosotros. ¡Estaba aterrorizada! ¡Pensaba que nos matarían a todos! Pero lo peor estaba por empezar. De pronto nos sacaron a empujones y con mucha prisa nos hicieron subir a otro bus, todo estaba oscuro y la calle estaba envuelta en tinieblas que parecían más amenazantes aún. Nos movimos sin saber quienes éramos y donde íbamos. Llegamos al molo en completa oscuridad, nos hicieron subir a un barco, que al llegar a cubierta supimos era la Esmeralda. Bajé por una escala y llegue a un baño totalmente iluminado, me rodeó un círculo de oscuros uniformes con caras negras y con fusiles apuntados hacia mí y me hicieron desvestirme con amenazas soeces y de manera violenta me tocaron por todas partes y metieron dedos en la vagina y el ano para ver si tenía armas escondidas. Después, de manera siempre tan "cortes" me metieron en una ducha fría donde me obligaron a lavarme mientras me apuntaban con sus armas y me decían toda clase de atrocidades. Después me llevaron a una sala en penumbras donde me interrogaron de manera muy violenta, pero sólo deseaban saber mis datos y de donde venía. Fui llevada a un lugar con literas de tres en tres, dividido por una cortina improvisada. Me asignaron la última litera y quedé con vista hacía la otra parte de la división. Allí se encontraban varios compañeros en pésimo estado. El olor era fuerte y el ambiente denso de temor y sufrimiento. Fui obligada a acostarme y nos estaba estrictamente prohibido movernos, conversar o mirar a nuestro alrededor. Bastaba un pequeño  movimiento y te encontrabas con una culata entre las costillas. Cada cierto tiempo llegaba un uniformado de cara negra y se llevaba a algún compañero el que después llegaba peor de lo que se había ido. Había ocasiones en las que se me partía el alma al verlos amoratados, medios desnudos, quejándose bajito y a veces con vómitos de sangre. No se sabía si era de día o de noche. Supimos que era 18 de Septiembre porque los marinos estaban contentos y celebraban provocando más bulla que lo habitual. Mi gran escape era separarme de mi cuerpo y correr por una playa a la luz del sol (de la que estuve privada por casi un año). Estuve ahí entre los quejidos de los compañeros, el llanto de las compañeras, mis escapadas mentales, mi menstruación, mi ropa sucia, los pernos del techo de la sala que los contaba, los distribuía y los reordenaba no se cuántos días. Hasta que un día salí de esa pesadilla para pasar a otras: el Lebu, la Academia de Guerra, la cárcel de mujeres, el Silva Palma, el Hospital Naval y por último años de vida en Italia, desde donde volví cuando pensé que podía volver a aportar algo de lo vivido en la nueva Democracia.


Y ahora estoy en este barco maldito de nuevo, tratando de ver a través de la cubierta si su interior era tan angustiante como lo recordaba, con las manos vacías, sin que se reconozca para nada los miles de personas que fuimos vejadas, humilladas, torturadas y lanzadas lejos como indeseables, o las que se quedaron acá y todavía buscan la sobrevivencia. No tenemos justicia. A muchas personas no se les permite ni siquiera votar y de la reparación no se habla y sólo debíamos haber muerto para formar parte de los fantasmas desaparecidos. Los fantasmas vivos merodeamos por la cubierta de este barco sin que siquiera se sepa que ahí no solo mataron a Miguel, sino que nos quitaron los sueños y las vidas a muchos de nosotros. Pero las autoridades de la Marina niegan todo esto y la impotencia vuelve a salir a flote en el alma de quienes aún no pueden ser reconocidos. Los que no pueden siquiera entrar al muelle.
 

____________________
María Eliana Comené, Valparaíso, Chile, en el mismo molo de 1973, a 22 días del mes de marzo y 30 años después, temprano en la tarde. Los periodistas que se mencionan en el primer párrafo eran de la BBC.

El buque mercante Lebu, donde María Eliana Comené estuvo secuestrada por la Armada de Chile en 1973, además de la Esmeralda, junto a cientos de otros ciudadanos. La foto es de la época y muestra la violencia de los fusiles golpistas.

Pagina puesta al dia / Updated 15 March 2006     -       Webmaster