El buque "Esmeralda", símbolo de la impunidad criminal en Chile

 The "Esmeralda" ship, a symbol of criminal impunity in Chile

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Torturados demandan justicia


por Pascale Bonnefoy


FUENTE: PiensaChile.com http://www.piensachile.com/
Reproducción autorizada de Noticias Aliadas, 6 de mayo 2003
FECHA: 11 de mayo del 2003

"¿Alguien cree que efectivamente puede lograr justicia una persona que fue golpeada brutalmente hace 27 años?", preguntó el ministro del Interior, José Miguel Insulza, ante la acción legal presentada en febrero del 2001 contra el general de la Fuerza Aérea, Hernán Gabrielli, por haber torturado a prisioneros políticos cuando era un joven oficial en el norte de Chile en 1973.

Dos años después, el 31 de enero pasado, el mismo Insulza recibía un informe de Luciano Fouillioux, el recientemente renunciado director del Programa de Continuación de la Ley 19.123, aprobada en 1992 para ejecutar las recomendaciones de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (CNVR). En ese documento, Fouillioux desglosa líneas a seguir para tomar acciones de reparación, luego de 13 años de gobiernos civiles, con el estimado medio millón de chilenos que sufrieron torturas (NA, Ago. 26, 2002).

La CNVR, creada en 1990 y más conocida como la Comisión Rettig, consignó las violaciones a los derechos humanos con resultado de muerte durante la dictadura militar (1973-1990), pero no nombró a los responsables de dichas violaciones, ni registró los otros múltiples atropellos cometidos por agentes del Estado en ese periodo: exilio, relegación, prisión, despidos laborales por razones políticas, y torturas.

En su informe, Fouillioux plantea que de todas las violaciones a los derechos humanos durante el régimen del general Augusto Pinochet, la más extensa fue la tortura, por el número de víctimas, y que el Estado poco o nada ha hecho para asumirlo, a diferencia del tema de los exonerados (despedidos tras el golpe por motivos políticos), exiliados, y ejecutados o desaparecidos, que sí han tenido "un tratamiento político, legislativo, judicial y reparatorio en general; el torturado, nada de ello obtiene hasta ahora".

No es gratuito el hecho de que el gobierno esté recién -aunque tímidamente- abordando el tema de la tortura como un problema de Estado y sociedad, y tampoco nació por iniciativa propia. Fueron los torturados quienes se organizaron y comenzaron a presionar al gobierno para que tomara medidas de sanción y reparación para con ellos, cuyo número real nunca se ha determinado.

"El documento del gobierno puede mejorarse, pero es valioso ya que esta primera acción del gobierno en pro de los torturados se logró por presión de la sociedad civil. Todas las demás iniciativas -medidas de reparación a exonerados, exiliados y familiares de desaparecidos y ejecutados- han partido desde el gobierno y consensuadas con la derecha y las Fuerzas Armadas", afirma Juanita Aguilera, ex presa política quien sufrió torturas, e integrante de la directiva de la Comisión Ética Contra la Tortura (CECT).

La detención de Pinochet en Londres en octubre de 1998 gatilló a muchos ex prisioneros políticos de su régimen a revivir sus experiencias, y desembocó en la creación de la Agrupación de Ex Presos Políticos (NA, Mayo 3, 1999). Los ex detenidos abordaron muchas veces el tema de la tortura, y de ahí que un grupo de ellos, junto a académicos, religiosos, sicólogos y más de 20 organizaciones sociales y de derechos humanos, crearan la CECT en marzo del 2001.

Lo primero que hizo la CECT fue pedir una reunión con el gobierno, sobre la base de que la tortura era un tema no resuelto que involucraba al Estado y a la sociedad en su conjunto, por cuanto ésta no se podía erigir sobre la impunidad y la negación de lo ocurrido.

"Los torturadores están libres, trabajan en los organismos de gobierno, el Congreso, las empresas y en las Fuerzas Armadas. La marginalización social de los torturados es diametralmente opuesta al bienestar del que gozan nuestros torturadores", afirma Aguilera. "La gente no quiere reconocer que existió la tortura. Hay torturados que no quieren hablar nunca más de lo que les pasó, y el Estado ha hecho todo lo posible para que la gente se olvide".

Además de las secuelas físicas, psíquicas y emocionales de la tortura, la pérdida de sus fuentes de trabajo y estudios, y ser estigmatizados por la sociedad, que aún no los reconoce como víctimas, en muchos casos a los torturados también les fueron negados sus derechos civiles y políticos, por el hecho de tener un "prontuario" vigente hasta el día de hoy.

A diferencia de lo que ocurre con los torturadores que mantienen todos sus derechos, muchas de las víctimas, debido a sus "antecedentes", nunca han podido votar en elecciones locales, legislativas o presidenciales, ni pueden trabajar en la administración pública ni en medios de comunicación, entre otras restricciones.

Tampoco han sido resueltas demandas por el "daño moral" infligido a personas detenidas, torturadas y/o expulsadas de sus trabajo, como la presentada en diciembre del 2002 por la Agrupación de Ex Prisioneros y Exonerados Políticos en contra del Estado chileno por US$28.1 millones ante la Corte de Apelaciones de Santiago, ni la de 400 ex prisioneros políticos interpuesta siete meses antes. Igualmente nadie ha sido procesado ni condenado hasta el momento por actos de tortura.

La CECT ha entregado al gobierno cinco informes sobre tortura, y el 12 de julio del 2002, representantes de la organización se reunieron con el presidente Ricardo Lagos, quien se comprometió a impulsar una comisión gubernamental que analice el tema de la tortura durante la dictadura y busque vías de reparación.

El 14 de agosto, la CECT presentó al gobierno su propuesta para la creación de una Comisión Investigadora de Verdad, Justicia y Reparación para víctimas de la tortura, que "elabore un registro oficial de las víctimas de tortura o tratos crueles, inhumanos o degradantes, para proceder a su ulterior reivindicación moral, reparación material y rehabilitación en los casos que corresponda," argumentando que "la única forma de prevenir eficazmente la recurrencia del terrorismo de Estado y la tortura es a través de la sanción de aquellos crímenes y de la reparación integral de sus víctimas".

También solicita que se incorpore la temática de los derechos humanos en la malla curricular del sistema de educacional; que quienes han practicado la tortura sean inhabilitados para ejercer cualquier cargo en el aparato del Estado; y que se garantice el tratamiento médico y psicológico para los torturados, de acuerdo a la Convención Internacional Contra la Tortura, de la cual Chile es signatario.


 

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