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1999
Las Cuentas de la Armada
Punto Final http://www.puntofinal.cl/991029/nactxt.html
29 de octubre de 1999
El almirante sigue mintiendo. Sus palabras se pierden entre los cerros y el
viento de Valparaíso. Pero la memoria de los porteños víctimas de la represión
de la Armada es obstinada y certera. Nadie ni nada podrán borrar jamás el horror
entronizado a las orillas del Pacífico, entre la garúa nocturna, los arreboles
del atardecer y los sempiternos pelícanos de la bahía. Es que el 11 de
septiembre de 1973, junto a los barcos de guerra estadounidenses participantes
en los denominados ejercicios UNITAS, la escuadra retornó a puerto a fin de
vincularse a las unidades en tierra para dar comienzo al golpe militar contra el
gobierno de Salvador Allende. El temprano copamiento de la ciudad transformó a
ésta en un gigantesco campo de concentración donde se enseñorearon el miedo, la
tortura y la crueldad. La Armada, con inusitada ira y profundo desprecio
clasista, reprimió a los porteños y, para tal efecto, desplegó todos sus
efectivos, incluidos cadetes de la Escuela Naval. Habilitó, también, varios
lugares de reclusión como la Academia de Guerra Naval, el cuartel Silva Palma, y
los buques Maipo, Lebu y Esmeralda donde se torturó a miles de aterrorizados
habitantes de Valparaíso.
Sin embargo, el almirante Jorge Arancibia, jefe de la Armada, continúa
sosteniendo que en aquellos lugares de detención "jamás se torturó a nadie", que
tan sólo constituyeron instancias de tránsito para albergar a prisioneros
producto de las circunstancias extraordinarias que se vivían. Pero, miente el
almirante y miente conscientemente, pues es imposible que no haya estado en
conocimiento de lo sucedido en los recintos de la Armada. Son millares los
testimonios de víctimas que experimentaron en carne viva la violencia y el odio
de oficiales y clases de la aparentemente flemática marina chilena. Tal es el
caso de María Eliana Comené, estudiante de castellano de la hacia adentro. Ellos
estaban pegados en todas las paredes, yo conté ocho infantes de marina, algunos
encapuchados y otros con las caras pintadas de negro. Me dicen que me desnude.
Yo empecé a desnudarme y me dejé puesta mi parte de abajo, porque tenía puesto
el apósito de la menstruación. Entonces, cuando me obligaron incluso a sacarme
el calzón yo dije que no podía, porque estaba indispuesta. Me obligaron a
hacerlo y ahí ya viene toda la rebeldía femenina, la rebeldía del luchador, por
mucho que nos quisieran hacer sentir como animales llegaba el momento en que la
dignidad del ser humano se rebelaba contra todo eso. Y fue tal mi ira, la
indignación, que me saqué los calzones, tomé el apósito con sangre y se lo puse
en el rostro al teniente que estaba dirigiendo el grupo. Luego de eso, todavía
desnuda, por orden del teniente, dos infantes de marina por detrás, me tomaron
los glúteos y se agacharon para mirar por el ano". Tal era la calidad moral de
los marinos del almirante, los mismos que no trepidaron en violar mujeres para
demostrar su poder y su lastimosa hombría, cubriendo sus rostros con
pasamontañas y ocultando sus grados. En la Esmeralda, recuerda María Eliana,
"había violencia las 24 horas del día, sacaban a los compañeros, los golpeaban,
los torturaban, volvían morados y vomitando sangre. Cuando me trasladaron al
Lebu estábamos separados de los compañeros quienes se encontraban en las
bodegas. Nosotras estábamos en los camarotes y éramos tantas que no podíamos
respirar, teníamos que dormir sentadas en el suelo. Nos daban de comer una sola
vez al día, a las 9 de la mañana. Eran unos porotos que hasta gusanos tenían,
una vez que reclamamos nos dijeron burlándose que para qué nos quejábamos si nos
daban 'carne'". Pero la alimentación no era lo que más preocupaba a las
prisioneras políticas, sino que el trato inhumano y cruel por parte de sus
aprehensores, la mayoría jóvenes marinos. Aunque también las torturaban civiles
y, como en el caso de María Eliana,carabineros. Ella había tenido el infortunio
de haber sido detenida con ocasión de la retoma de la Universidad Católica en el
puerto en los meses previos al golpe. Fue agredida por carabineros al mando de
un teniente de apellido Pérez, sin embargo, logró defenderse y golpear a sus
agresores.
EL cabo Antonio Ruiz Uribe fue torturado en recintos de la Armada.
Obviamente jamás pensó que el devenir político le enfrentaría una vez más al
sádico teniente, esta vez a bordo de la motonave Lebu. Pero así fue, en una
oportunidad -relata María Eliana- "me llevaron a un camarote que había sido
habilitado como sala de interrogatorios y allí estaba este teniente que me
comienza a manosear y a gritar diciendo: ¡defiéndete ahora, pos, huevona! Me
corrió mano de una manera espantosa, fue más de una hora de sólo eso. Estaba
vendada y humillada por lo que estaban haciendo, impotente ante lo que estaba
pasando, ante los gritos espantosos que se escuchaban". Pero no era sólo en el
barco que se torturaba y degradaba a centenares de porteños. También sucedía en
otros centros de tortura de la Armada. Por la Academia de Guerra Naval, en el
cerro Playa Ancha, pasó también María Eliana. "Allí estuve como cuatro semanas,
me sacaban todas las noches para interrogarme, me golpeaban los oídos con las
manos, me ponían corriente en la lengua, en la vagina. Nos sacaban para
divertirse con nosotros, para abusar sexualmente. Fueron violaciones masivas. Al
final una se desconecta, trata de subliminar lo que está pasando, pero es
imposible de olvidar, de hecho, cuando ya me encontraba en la cárcel, hice una
seria infección, con vómitos y fiebre. Me enviaron al Hospital Naval y ahí
dijeron que era sólo un ataque de vesícula y me enviaron de vuelta a la cárcel.
No obstante, era algo mucho más serio. Era gonorrea, y era imposible saber cómo
y dónde la había contraído, ¿en la Esmeralda, en el Lebu, en la Academia? Lo
único claro es que quedé con el endometrio total y absolutamente destruido".
ACADEMIA DE GUERRA NAVAL: CASA DEL HORROR
Y fueron millares las vidas destruidas física y sicológicamente en las casas del
horror de la Armada en Valparaíso, El Belloto, Colliguay, Puchuncaví y
Talcahuano. Por tales centros de detención y tortura pasó Humberto Arancibia,
presidente del sindicato de trabajadores de Enadi, ex Compañía de Gas de
Valparaíso. Fue detenido en Villa Alemana el 3 de octubre de 1973 en la noche.
Fue trasladado por los infantes de marina que le detuvieron al cuartel Silva
Palma en el puerto. Llegamos, recuerda Humberto, " a una sala grande repleta de
gente, hombres y mujeres tirados en el suelo, muchos con el pelo cortado a
bayonetazos. Un infante me preguntó por qué me encontraba ahí. Le respondí que
no sabía, que simplemente era dirigente sindical. Exactamente, me dijo para
preguntarme por otros dirigentes, para ver si habían robado o no". Los marinos,
los militares, sabían perfectamente bien que nadie había robado nada, del mismo
modo que sabían que nadie iba a atentar contra la integridad física de los
miembros de las Fuerzas Armadas y sus familias como pretendieron hacer creer a
través de la difusión de un absurdo Plan Zeta. Simplemente intentaban justificar
lo injustificable: la represión, las masacres, la tortura, las violaciones.
Por ello, "alrededor de una hora después de haber llegado, continúa Humberto, me
vendan, me ponen sobre la cabeza una capucha negra, me amarran las manos a la
espalda y me sacan de la pieza. ¡Así que tú eres Carlos Nicolás! (administrador
de la Compañía de Gas), me dicen mientras me dan un golpe en la boca del
estómago. Perdí la respiración, me dan palos en la espalda, en las costillas,
todo esto camino al interrogatorio. Siento que llegamos a una pieza, tomo aire:
no, yo me llamo Humberto Arancibia alcanzo a decir. ¡Por qué no dijiste eso
antes conche tu madre! Me gritan. Ahí me di cuenta lo que me esperaba, como iba
a ser el tratamiento. En la sala de torturas me pegan con las manos abiertas en
los oídos (teléfono), combos en el estómago, palos en las costillas. Todo el
tiempo tenía las manos y los pies amarrados con alambre. En un momento pensé que
me iban a colgar, pero en realidad lo que hicieron fue ponerme corriente. Esto
se repitió muchas veces en medio de todo tipo de insultos".
Luego de una interminable noche de tormentos Arancibia fue trasladado al buque
Lebu. "Parecía un barco pirata -señala Humberto- con hombres hacinados en las
bodegas del barco. Estaban barbones, algunos con el pelo cortado a cuchillo, con
abrigos, frazadas, sucios y hambrientos. A veces nos tiraban pedazos de pan y lo
compartíamos entre todos. Lo mismo hacíamos cuando, por milagro, aparecía una
naranja. La comíamos entre seis, hasta la cáscara nos comíamos. Más adelante nos
daban fideos, masas de fideos más bien. También porotos llenos de gorgojos. Cada
comida era vigilada por marinos armados. No todos comían sí, había un compañero
de apellido Villarroel a quien mantenían en una jaula desnudo y nunca le daban
de comer.
Los marinos nos obligaban a levantarnos a las seis o siete de la mañana.
Subíamos a la plataforma del buque y nos manguereaban desnudos en el frío de la
mañana. Está claro que no teníamos dónde hacer nuestras necesidades y, en algún
momento, pusieron mitades de tambores de aceite -que llamaban 'chutes'- donde
comenzamos a orinar y defecar".
En el Lebu se denigraba a la gente, se intentaba deshumanizar al supuesto
enemigo, hombres y mujeres, sin importar la edad. También se interrogaba y
torturaba. Los interrogatorios selectivos y más brutales se llevaban a efecto en
la Academia de Guerra Naval. Allí fue llevado nuevamente Humberto. "Me dijeron
que me había reído de ellos la primera vez, me pusieron un paño en la boca y me
tiraron contra la muralla y comenzaron a golpearme. Perdí la noción del tiempo,
del espacio, pensé que me iban a matar. El estar ahí, aunque no te torturan era
igual, porque se sentían gritos, golpes, lamentos desgarradores de gente que se
moría. Siempre se estaba en un estado emocional tenso, sabías que después te iba
a tocar a ti, ibas a pasar por el mismo proceso. No se tenía ninguna esperanza,
no sabías si ibas a salir vivo. Eran varios los que se habían intentado suicidar
lanzándose por alguna de las ventanas del cuarto piso de la Academia o
golpeándose contra unos pilares que había en la sala grande".
Llegaba a tal punto el pánico, la desesperación, la violencia contra gente
indefensa, que no fueron pocos los que prefirieron morir a continuar soportando
el horror de la tortura. Sin embargo, el almirante Arancibia insiste en que en
los recintos navales jamás se torturó. Incluso en aquellos lugares donde no se
interrogaba, imperaba un régimen de represión permanente y de castigos
humillantes para los presos políticos. Tal es el caso del campo de concentración
de Isla Riesco o Melinka, ubicado en Colligüay al interior de Valparaíso. Allí,
cada vez que llegaba un nuevo grupo, se organizaba en la noche, cuando los
prisioneros se encontraban encerrados en sus cabañas, un montaje de
amedrentamiento. Se oían ráfagas de ametralladoras y fusiles automáticos, se
explotaban minas del sector que rodeaba el campo, amén de gritos y carreras. Al
día siguiente se informaba a los prisioneros que un grupo de "extremistas" había
intentado rescatarlos durante la noche y que habían sido eliminados por la
guardia del campo. Si sucedía nuevamente -advertían- lo primero a eliminar era
el peligro interno, es decir, los presos.
TORTURAS A MARINOS DEMOCRATICOS
EL buque-escuela Esmeralda donde el 73 se torturó a presos políticos.
Además, se castigaba a muchos sumergiéndolos en pozos de excrementos y orina, a
culatazos, hundiéndoseles en la basura u obligándoles a correr a latigazos. Eran
los infantes de marina los que torturaban de esta manera. Y tenían experiencia,
pues fueron los que iniciaron la práctica masiva y sistemática de la tortura en
agosto de 1973 al detener y flagelar a un grupo de marinos constitucionalistas
que denunciaron los intentos golpistas de la Armada. Antonio Ruiz, cabo segundo,
mecánico electrónico con mención en control de fuego, fue uno de ellos. Antonio
Ruiz recuerda vívidamente el día en que fue detenido, "fue el 7 de agosto de
1973 en Talcahuano. Oficiales de inteligencia me sacaron de la unidad para
trasladarme al Fuerte Borgoño. Allí había un escuadrón de al menos doce cosacos
esperándonos. Me obligaron a sacarme la ropa y comenzaron los golpes, comenzó el
tratamiento de guerra. Pasamos a ser el enemigo. Para los infantes de marina era
una práctica en vivo, fuimos sus conejillos de indias. El oficial que nos
interrogaba, para que no se notaran los golpes, usaba guantes mojados. Nos
metían en tambores de excrementos y orina; dos cosacos nos sujetaban de las
piernas y nos hundían en los tambores hasta que no podíamos respirar. Era tal la
desesperación ante la tortura y las amenazas que al final uno se rebelaba y
encaraba al oficial gritándole: ¡mátame conche tu madre! A ellos no les
importaba lo que uno decía o sentía; al contrario, perfeccionaban las técnicas
de tortura día a día. Al poco tiempo ya no te sujetaban por las piernas, sino
que habían instalado una roldana desde donde te lanzaban al tambor con
excrementos. Nos tenían amarrados de pies y manos, nos amenazaban de muerte y
hubo muchos simulacros de fusilamiento. Eramos como 50 los detenidos, pero
finalmente quedamos menos de la mitad. Había gente de filiación azul (Asmar) y
de filiación blanca, tanto de la dotación Escuela como de la Escuadra.
Posteriormente fuimos derivados a la cárcel de Talcahuano en tránsito y,
finalmente, a la cárcel de Concepción. Allí nos pilló el golpe, nos despertamos
con los disparos, presentimos la muerte, Carabineros se hizo cargo del presidio
y nos amenazó con que tendríamos que pagar. Se hizo un simulacro de fusilamiento
y toda mi vida pasó delante de mí, muy rápido. Esperaba con los ojos cerrados la
muerte. Afortunadamente no sucedió nada y, eventualmente, fuimos traslados a
Valparaíso, pasando por el campo de concentración de Isla Riesco o Melinka,
cuartel Silva Palma y la cárcel pública del puerto. Otros marinos democráticos
fueron detenidos y torturados en el Fuerte Miller de la Infantería de Marina en
Las Salinas, y en la Escuela de Ingeniería de Viña del Mar.
A 26 años del golpe de Estado iniciado en Valparaíso, el almirante Jorge
Arancibia sigue negando que la Armada violó masivamente los derechos humanos.
Entonces ¿por qué habría que creer en sus supuestas buenas intenciones al
impulsar junto al gobierno una "mesa de diálogo" destinada -también
supuestamente- a poner término al problema de los derechos humanos?
Ningún aparente gesto conciliatorio puede ocultar el hecho irrefutable de que el
sacerdote obrero Michael Woodward fue asesinado en la Esmeralda, su Esmeralda,
señor almirante
Mauricio Buendía
En Valparaíso
RESPONSABLES DE TORTURAS DE LA ARMADA
Vicealmirante. Adolfo Walbaum Wieber, Cdte. I Zona Naval
Vicealmirante. Pablo Weber Munnich, Cdte. en Jefe de la Escuadra
Contraalmirante Hugo Cabezas Videla, Jefe E.M. de la Armada
Capitán de Navío (CN) Sergio Huidobro Justiniano, Cdte. Cuerpo Infantería de
Marina (IM)
C.N. Guillermo Aldoney Hansen, Jefe EM. I Zona Naval
C.N. Marcos Ortiz Guttmann, subjefe EM.Armada
C.N. Carlos Borrowman Sanhueza, director Escuela Naval Arturo Prat
C.N. Raúl López Silva, director Academia de Guerra Naval
C.N. Homero Salinas Núñez, director Escuela de Ingeniería Naval
C.N. Arnt Arentsen Pettersen director Escuela del Cuerpo de IM
C.N. Jorge Sabugo Silva, Cdte. Buque Escuela Esmeralda
C.N. Hernán Sepúlveda Gore, Cdte. Destacamento IM "Miller" de Viña del Mar
C.N. Cristián Sloraker Pozo, Jefe EM de la Escuadra
C.N. Oscar Horlscher, Director Hospital Naval Almirante Nef
Capitán de Fragata (CF) Jorge Davanzo Cintolesi, Director Escuela de Armamentos
CF.Víctor Valverde Steinlen, director Escuela de Operaciones Navales
CF. Hernán Soto-Aguilar Cornejo, subdirector Escuela Cuerpo IM
CF. Jorge Valdés Romo, subdirector Escuela Naval Arturo Prat
CF. Patricio Villalobos, Cdte. Base Aeronaval de El Belloto
CF. Ernesto Huber Von Appen, Cdte.Aviación Naval
CF. Julio Vergara, Jefe Servicio de Inteligencia Naval, I Zona Naval
Cte. Santa Cruz IM, Cuartel Silva Palma, Valparaíso
Cap. Bunster, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Cap. Jaeger, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Cap. Koeller, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Cap. Acuña IM, Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Federico Stigman Servicio Inteligencia Naval
Tte. Luna, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Tapia, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Maldonado, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Alarcón, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Letelier, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Boetsch, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Schuster, IM Fuerte Borgoño, Base Naval de Talcahuano,
Tte. Luis Rebolledo IM, Motonave Lebu
Tte. Guillermo Morera IM (r) Motonave Lebu
Tte. Rafael Yussef ( r) Motonave Lebu
Tte. Rodriguez IM, Buque Escuela Esmeralda
Tte. Juan Gonzalez IM, Campo de Concentración de Isla Riesco
Suboficial Aguayo IM, Campo de Concentración de Isla Riesco
Cabo Soto IM, Campo de Concentración de Isla Riesco
Cabo Bustos IM, Campo de Concentración de Isla Riesco
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