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Prat, de nuevo escarnecido
Los mismos que utilizaron la Esmeralda como centro de torturas, lanzaron al
mar a cientos de compatriotas y quemaron libros utilizan ahora la figura del
prócer para aplastar la creación artística e imponer sus cavernícolas
concepciones acerca de la cultura
FUENTE: Gran Valparaíso
FECHA: 3 de octubre del 2002
El Capitán Arturo Prat tiene que haberse dado vueltas en su tumba, en la Plaza
de los Héroes de Valparaíso, cuando el miércoles 2 de octubre, a pocas cuadras
de ese santuario, en el edificio del Congreso Nacional, dos ex comandantes en
jefe de la Armada y actuales senadores Jorge Arancibia
(UDI) y Jorge Martínez
Busch (institucional) salieron supuestamente en su defensa.
Arancibia y Martínez Bush fueron oficiales destacados durante la prolongada
dictadura del General Augusto Pinochet. Nunca han ocultado su militante adhesión
a ese régimen brutal, que mereció sucesivas condenas por violación masiva a los
derechos humanos por parte de Naciones Unidas, y por algo son entusiastas
militantes de la ultraderecha. Con voz engolada, Arancibia y Martínez Bush
salieron en defensa de Arturo Prat, a propósito de una obra teatral, bastante
mediocre al decir de quienes han visto los ensayos, en que se presenta una
imagen demasiado humana del prócer de Iquique, y que obtuvo un subsidio del
Fondart.
Arancibia y Martínez criticaron que con recursos fiscales se pretenda denigrar
la figura del máximo héroe naval chileno y luego rindieron un homenaje
resaltando el rol histórico y los valores del marino.
Cháchara oportunista y patriotera, frases de cliché.
Ninguno de los dos elevó nunca su voz para protestar ante el horror de que con
dineros de todos los chilenos el emblemático navío que es la Esmeralda fuese
utilizado como centro de tortura de miles de compatriotas, por los cuales Arturo
Prat estuvo dispuesto a morir.
Ninguno de los dos "ilustres" oficiales ha alzado nunca su voz para protestar
ante el horror de que con dinero de todos los chilenos se hayan utilizado
helicópteros y aviones tal vez de la Armada para lanzar a decenas de chilenos
mar adentro, por el único delito de ser opositores al régimen más brutal de la
historia de Chile. ¡Arturo Prat no habría dado esa orden y, si la hubiese
recibido, la habría rechazado!
Ninguno de los dos senadores ultraderechistas ha alzado nunca la voz para pedir
perdón por la actitud cavernícola de quemar libros, de exigir permiso previo
para la publicación de nuevos títulos y por la designación de expertos en
explosivos al frente de importantes universidades chilenas que fueron
intervenidas por la dictadura. ¡Prat, un intelectual, habría enrojecido de
vergüenza al enterarse de la quema de libros y la imposición de la censura sobre
libros y medios de comunicación, en circunstancias de que durante toda la guerra
del Pacífico, los diarios chilenos pudieron informar con la más absoluta
libertad! Incluso el alto mando peruano/boliviano se enteraba de los movimientos
de nuestras fuerzas a través de los diarios chilenos.
De esta forma, pues, individuos carentes de autoridad moral pretenden
convertirse en propietarios de un hombre que fue antes que nada un civil con
uniforme, un hombre que hizo uso intensivo de sus neuronas y por eso fue
menospreciado y arrinconado por los antecesores de Martínez Busch y Arancibia.
En efecto, Prat fue vejado por el aristocrático y machista alto mando de la
Armada en 1879 al dejarlo a cargo de un barco que se caía a pedazos en Iquique.
Ahora, vuelve a ser vejado por quienes manipulan la memoria del prócer al
servicio de pequeños intereses que disfrazan con frases tan ampulosas como
vacías. (03/10/02)
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