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La Esmerada, la Esperada, la Esmeralda
Por Andrés Bianque
FUENTE: http://www.lafuna.nu/paginas/ultima.htm
Como si no supiésemos que un enjambre de gritos aún zumba callado y eterno y
perenne en esa tumba que ensucia los mares.
Como si no supiésemos de ese temor que inunda las sala de máquinas.
Que los marineros miran dos veces sus sombras por las noches.
Esa noche oscura que se hizo perpetua para cientos de hombre y mujeres.
Como se desgarró el acero por aquellos gritos que quedaron petrificados de
espanto en esa catacumba de hierro, cubierto y recubierto de sangre y de dolor.
Sangre que tapiza lo que no se puede borrar.
¿Y cómo podría borrarse aquello que aún está escondido, olvidado, ultrajado?
¿Cómo puede rehacerse la historia, si los culpables, los asesinos, sus
cómplices, sus auspiciadores en una clara concertación, usan la tragedia
horrible y pavorosa de seres humanos como alfombra para su moneda?
Tal vez, el gesto de Hundir ese galeón español, esa carabela, con el rostro de
la muerte en sus cuatros costados sería un poco más justo.
Un pequeño gesto, hundir esa vergüenza flotante para siempre, a modo de
disculpas.
A modo de nada tal vez. Habría que hundir la mitad de Chile.
Sin embargo, en estos tiempos, es más fácil hundir ese barco mercante a que los
cobardes que tuvimos por marinos acepten sus crímenes.
Sobre el mástil descansa sin duda alguna, el rostro desfigurado de la tortura
A modo bandera.
Como han cambiado las estaciones.
Lo que fue una rosa, ahora es una espina.
La esmeralda, una piedra preciosa ensangrentada.
No representa sino la tragedia de todo un pueblo.
Yo te pregunto Marinero:
¿No escuchas como alguien te llama en medio de la noche?
¿Piensas que sólo es el sonido del agua que repite tu nombre?
¿A quién ves detrás de los espejos que adornan esa tumba?
Como si alguien te pidiera clemencia, sólo por soñar.
Cae el agua sobre el agua, concluyendo el círculo eterno.
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