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El fascismo del capitán de la Esmeralda
A continuación incluimos un artículo publicado por el actual capitán de la
Esmeralda en la Revista de Marina. El artículo pone de manifiesto y revela su
ideología altamente fascista. Aunque no lo dice explícitamente pero está en la
base de toda su argumentación, los conceptos que maneja respecto a la guerra y
la paz externas, son aplicables -por extrapolación directa- a la guerra y la paz
internas, de lo que se sigue que está por la preparación de las FF.AA. para la
guerra interna como forma crucial y necesaria para mantener la paz social. Sólo
le faltó citar a Marx. Este es el capitán que comanda la "Embajadora de Todos
los Chilenos".
PAZ PERPETUA... UN SUEÑO Y UNA UTOPIA
por José Miguel Romero Aguirre, Capitán de Corbeta
FUENTE: http://www.revistamarina.cl/revistas/1993/3/utopia.pdf
"El gran bien de la paz está lejos de poder ser
garantizado a los hombres y a las naciones."
Papa Paulo VI
PAZ, en su acepción más general, significa ausencia de conflicto. Perpetua, es
que dura para siempre. ¿Es posible vivir en paz para siempre? Ciertamente que
ello no es más que una ilusión.
El hombre, desde la creación, ha luchado por su existencia y esa lucha se
manifiesta por su condición humana y criatura de Dios, permanentemente
enfrentado al bien y al mal.
Todo ser viviente - el hombre en especial- ocupa un lugar y, en consecuencia,
requiere de un espacio favorable en el cual nace, se desarrolla y se reproduce.
El problema está en que ese espacio nunca es un espacio vacío ni es totalmente
apropiado, ya que en él viven y se desarrollan otros seres con similares
necesidades que satisfacer.
El hombre es un ser pensante y emprendedor que anhela la satisfacción de sus
necesidades e intereses y que, racionalmente, proyecta la forma de lograr sus
propósitos.
Esos intereses presentan exigencias crecientes y a medida que se va alcanzando
un desarrollo mayor éstos van sufriendo modificaciones en su trascendencia. El
hombre primitivo sólo requería de un arma para cazar y defenderse y de un
refugio que lo protegiera de las fieras y de las inclemencias del clima. ¿Tiene
hoy las mismas necesidades? Ciertamente que no y las actuales serán
-seguramente- muy diferentes a las futuras.
Así como el hombre piensa y emprende acciones proyectadas a través de la razón,
es también un ser que necesita vivir en sociedad, pero su vida en ella no está
exenta de lucha, toda vez que sus intereses y acciones para darles satisfacción
se contraponen a los intereses y ambiciones de otros hombres. Por ello, desde el
comienzo de su historia el hombre ha vivido en un permanente estado de alerta,
tanto para alcanzar sus objetivos como también para proteger sus pertenencias.
Ello implica necesariamente estar dispuesto y preparado para luchar. La
preparación para la guerra no significa que ella esté necesariamente destinada a
crearla o a provocarla, sino que, por el contrario, se emprende para evitarla,
aunque ello parezca una paradoja.
Cuando existe equilibrio de fuerzas se dificulta que uno de los bandos decida
iniciar una guerra para dar satisfacción a sus intereses u objetivos políticos,
ya que el costo de esa guerra podría ser muy superior al logro de esos
objetivos, allí es donde se produce la disuasión, entendiéndose así la paradoja
de que la preparación para la guerra está concebida para evitarla y no para
provocarla. Por lo anteriormente señalado es que los pueblos débiles e
indefensos constituyen una verdadera invitación para que sus vecinos satisfagan
sus necesidades y objetivos, apropiándose de sus territorios mediante el uso de
la fuerza; decimos débiles e indefensos, tanto por su carencia de fuerza como
por su voluntad de poseerla y emplearla.
Prepararse para la guerra en tiempo de paz no constituye entonces una política
agresiva o perturbadora, sino que la mejor y más efectiva manera de mantener esa
paz por mayor tiempo, ya que las Fuerzas Armadas constituyen el respaldo del
poder político en sus relaciones internacionales. El sentimiento y honor
nacional exigen una lucha viril en defensa de su libertad, ya que no puede haber
paz si no hay libertad.
Su Santidad Juan Pablo II expresó en una oportunidad que "Los que al servicio de
la patria se hallan en el ejército, considérense instrumento de la seguridad y
libertad de los pueblos".
La paz perpetua ha sido y será un sueño del hombre y de las naciones; nunca se
ha logrado, debido a que siempre los intereses contrapuestos de los pueblos han
hecho fracasar todos los proyectos. Este sueño ha sido revivido en variadas
oportunidades a lo largo de la historia, sólo para terminar concluyendo en que
su realidad, lamentablemente, no es más que una utopía.
La seguridad colectiva de los Estados tiende a lograr la paz internacional
buscando suprimir los conflictos bélicos de tal forma que las guerras dejan de
formar parte de la herencia de la Humanidad. Monarcas, conductores políticos,
filósofos, religiosos y muchos otros han intentado lograr un mecanismo que
permita vivir en paz permanentemente. Es así como muchos siglos antes de Cristo,
la China actual estaba formada por un gran número de Estados; Confucio y sus
discípulos fueron gestores de una jurisprudencia tendiente a formar una liga
encargada de mantener la paz entre los asociados, creando y organizando un
ejército común que garantizara la paz y la seguridad de los signatarios. Fracasó
después de algunos años, cuando el Estado más poderoso tomó el control de ese
ejército común, utilizándolo como instrumento para satisfacer sus propios
intereses.
En el siglo V a.C. doce Estados griegos organizaron una federación de naciones,
comprometiéndose a no destruir ningún pueblo o Estado confederado, a solucionar
pacíficamente cualquier diferendo entre ellos y a defender a cualquir pueblo
confederado que fuera atacado por Estados ajenos a la confederación. Este
intento, al igual que el anterior, fracasó, dando origen a la Guerra del
Peloponeso. Posteriormente, en el siglo II d.C., vino la Pax Romana, obteniendo
Roma, por el derecho respaldado por la fuerza, una paz más durable que la
lograda por ligas y naciones anteriores y posteriores. En la Edad Media la
Iglesia Católica intentó la Pax Eclesiástica, oportunidad en que el Papa de la
época prometió la paz europea mientras se desarrollaba la guerra de las cruzadas
contra el poder musulmán. Como carecía de armas materiales mantuvo la unidad
basándose en valores espirituales, pero las ambiciones e intereses de los
involucrados fueron más importantes y poderosos que la fe, fracasando nuevamente
el intento.
Durante el siglo XVII, a raíz de una crisis entre Francia y España, fue
intentado un proyecto tendiente a lograr la paz perpetua, organizando una
federación de Estados europeos que permitiera alcanzar y mantener un equilibrio
entre las naciones para lograr vivir en paz, potenciando a los pequeños y
debilitando a los grandes. Este proyecto no prosperó, siendo considerado
utópico.
A principios del siglo XIX, como intento para contrarrestar a Napoleón, los
soberanos coligados de Europa firmaron un tratado de alianza para mantener la
paz y sostener un ejército de 150 mil hombres. Caído Napoleón, la alianza no fue
otra cosa que un exclusivo ejercicio de un equilibrio de poder superior,
encargado de subsanar los problemas europeos.
Posteriormente vino la Pax Británica, en la que el poder del Imperio, respaldado
principalmente por su poder naval, mantuvo una paz relativa en Europa hasta el
estallido de la guerra franco- prusiana, en 1870.
Durante el presente siglo han sido numerosos los intentos por lograr la paz en
el mundo. Ellos fueron iniciados al término de la Primera Guerra Mundial con la
conformación de la Liga de las Naciones, proyecto propiciado por los Estados
vencedores de la Gran Guerra. Posteriormente, en el año 1928, fue formalizado el
Pacto Briand- Kellog, el cual no tuvo éxito debido a que la paz que habían
impuesto las naciones vencedoras no fue aceptada como justa por las naciones
vencidas, las que buscaron una nueva guerra que les permitiera reparar esas
injusticias, produciéndose entonces la Segunda Guerra Mundial.
Con posterioridad a esta última se ha buscado afanosamente, tal vez más que
nunca, un sistema que permita asegurar la paz y la prosperidad entre las
naciones, pero lamentablemente han continuado existiendo guerras y primando los
intereses de los pueblos por sobre los anhelos de paz. El Papa Paulo VI, en el
mensaje al Cuerpo Diplomático acreditado en el Vaticano, en la navidad del año
1964, dijo:
"Todavía hoy, las hermosas concepciones de fraternidad entre los hombres son
fácilmente caducas. Alborean en determinadas horas de la historia y de repente
se obscurecen con la aparición de nubes contrarias. El hombre es inestable. La
conquista de la verdad es ardua, el bien es difícil, el odio es más fácil que el
amor".
Los conductores políticos de los países poderosos y vencedores de los grandes
conflictos de este siglo han sentido la necesidad de crear y controlar una
especie de dirección suprema de la paz. Fueron creados organismos
internacionales que mediante el derecho internacional intentan la organización y
control de las relaciones internacionales, incluso dirimir las diferencias que
en ellas se presenten. En un comienzo, debido a la bipolaridad mundial, dichos
organismos no tuvieron el éxito esperado, perdiendo credibilidad y
confiabilidad, ya que primaron y se impusieron los intereses políticos y
económicos de los países rectores de los dos bloques antagónicos, por sobre los
intereses o necesidades de sus miembros, cometiéndose en muchos casos grandes
injusticias.
Actualmente, la unipolaridad mundial y el surgimiento de Estados Unidos como
país hegemónico en el mundo amenaza la imparcialidad y neutralidad de estos
organismos, cada vez que la soberanía de los pueblos esté por sobre los
intereses de esa superpotencia, o los intereses nacionales de ella estén por
sobre los intereses hemisféricos o mundiales.
Los acontecimientos políticos mundiales de los últimos años dejan la sensación
de que ha estallado la paz. Ello no es más que una falsa sensación porque
siempre los legitimos intereses por elevar los niveles de vida de los pueblos
están por sobre los anhelos de paz. Así lo demuestran los conflictos del Golfo
Pérsico, Yugoslavia, Cambodia y tantos otros.
Con el término de la guerra fría se ha dado inicio a un nuevo período de
posguerra, que se caracteriza por la inestabilidad política, económica y social.
Ello, asociado a que mucha gente ingenua cree que los conflictos pueden ser
eliminados por el solo hecho de desearlo, alienta el renacimiento de movimientos
pacifistas que venden la panacea de la paz, promocionan el desarme unilateral y
la redistribución de los recursos destinados a defensa hacia otros sectores del
ámbito nacional, normalmente de carácter social; todo ello permite prever la
gestación de nuevos conflictos. La historia así lo ha demostrado.
Estados Unidos ha anunciado un nuevo orden mundial al emerger como vencedor de
la guerra fría, imponiendo su liderazgo y haciendo prevalecer sus intereses por
sobre la mantención de la paz mundial. Lejos de significar este nuevo orden
mundial una garantía para la paz, representará un serio peligro de conflicto
cuando el interés de la hegemonía mundial ponga en competencia como
protagonistas a Estados Unidos, Japón y Europa, liderada por Alemania.
El desarrollo actual de los pueblos requiere -en gran medida- de la integración
y complementación internacional, pero ello no garantiza la paz ya que si bien,
por una parte, son creadas dependencias y mecanismos que regulan la vida y las
relaciones internacionales, por otra, la experiencia y la historia muestran que
el derecho internacional, al igual que las relaciones internacionales, está
sustentado en la fuerza, y cuando los intereses de los pueblos entran en
conflicto éstos son resueltos por la ley del más fuerte.
El Tratado de Maastricht, recientemente suscrito por los principales Estados
europeos y ampliamente difundido por la prensa internacional, contempla -entre
otros aspectos- la unión monetaria, política, social y militar de sus
signatarios, debiendo estar consolidada a fines del presente siglo.
En esta unión europea, al igual que en todas las anteriores alianzas, se puede
vislumbrar el anhelo de paz y prosperidad de sus fundadores, pero al mismo
tiempo una ambición de grandeza, la que algún día jugará en su contra, ya que si
se considera a los tres elementos constitutivos del Estado: Nación, territorio y
soberanía, veremos que el último de ellos está claramente disminuido, olvidando
además que siempre los intereses nacionales están por sobre los continentales. A
modo de ejemplo, ya existe una fisura en el ámbito monetario.
En el caso de Chile, el país negocia, se integra, se complementa y compite en el
concierto internacional, en un clima de paz y tranquilidad. Esa aparente
tranquilidad y las buenas relaciones que se observa, en especial con nuestros
vecinos, apoyada y confiada en la últimamente tan promocionada "relaciones en
democracia", nos obligan a mantener siempre en mente la real situación que
vivimos con ellos, ya que no debemos olvidar que sus objetivos nacionales
presuntos pueden contraponerse a los nuestros (reivindicaciones territoriales,
acceso soberano al Pacífico y hegemonía en el cono sur de América, entre otros),
indicándonos que no podemos basar nuestras relaciones únicamente en la buena fe,
ya que ello sería una ingenuidad y una irresponsabilidad.
Si Chile aspira a desarrollarse y a ser un líder manteniendo una actitud
estratégica defensiva, no es razonable ni aceptable que lo militar quede a la
zaga. Las Fuerzas Armadas deben ser adecuadas a los objetivos que se proponga el
país y deben desarrollarse en forma tal que siempre mantengan la capacidad de
disuadir.
La paz se logra y se mantiene por la acción concertada del poder nacional en sus
cuatro campos de acción, pero respaldada principalmente por la fuerza. Sin esa
fuerza no puede haber paz y sin paz no puede haber libertad ni desarrollo.
Conclusiones
- La paz perpetua es una utopía. Mientras exista el hombre, no podrá ser
alcanzada.
- El mejor modo de mantener la paz por mayor tiempo es mantenerse dispuesto y
preparado para la guerra.
- Los intereses contrapuestos de los pueblos hacen fracasar los intentos por
lograr un mecanismo que permita vivir en paz.
- El desarme y la ingenua buena fe entre las naciones alientan al más fuerte a
satisfacer sus necesidades y a resolver los conflictos mediante el uso de la
fuerza.
- Las relaciones internacionales basadas en el derecho son cada día más
necesarias para el desarrollo y la subsistencia de los pueblos, pero no
garantizan la paz, ya que cuando los intereses de los Estados entran en
conflicto, éstos son resueltos por la ley del más fuerte.
Bibliografía
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