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Concertación, desidia moral y DD.HH.
por Sandor Arancibia (*)
FUENTE: www.granvalparaiso.cl
FECHA: 2 de junio del 2003
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Otro ejemplo es lo que estamos presenciando en estos días a raíz de que una vez
más se envía por los mares a recorrer el mundo a uno de los signos más
deleznables de la violación de los Derechos Humanos cometidos por los que
usurparon el poder en 1973: el buque escuela Esmeralda. Uno se pregunta: ¿qué
persiguen nuestros gobernantes? ¿Ingenuidad o provocación? Mientras en Chile el
discurso oficial nos habla de la importancia de propender a desarrollar una
verdadera cultura de Derechos Humanos, por otro lado, se luce por el mundo la
antítesis de una imagen de respeto a estos Derechos. Si pretendemos propiciar
una reparación para las víctimas, empecemos, antes que nada, por respetarlas. No
es a esto a lo que contribuye el capitán del barco cuando en cada puerto en que
encalla, sus declaraciones sólo contribuyen a la negación de nuestra historia y
a una insoportable provocación para las víctimas sobrevivientes y sus deudos.
Uno no quisiera ser mal pensado, pero transcurridos más de 12 años de
Concertación, se tiene el derecho a suponer que algunas cláusulas para "no tocar
los Consejos de Guerra" y "no tocar la Esmeralda" deben estar contenidas en los
"virtuosos" acuerdos de 1989 cuya existencia, por lo demás, ya no es una
especulación de malintencionados después de que el Sr. Eugenio Tironi la
develara recientemente a la luz pública.
Así visto nuestro Chile, todo parece indicar que después del Informe Rettig, la
iniciativa política de la Concertación llegó a su punto de fatiga y de
extenuación. Quizás la enérgica reacción militar para negar en bloque las
verdades allí denunciadas aconsejó el consabido pragmatismo de nuestros
dirigentes. Es tan flagrante esta fatiga que pese a la recomendación del Informe
Rettig para que una Comisión Especial estudiara todos los casos de violaciones a
los Derechos Humanos y propusiera reparaciones "a todas las categorías
establecidas en el capítulo tercero de este Informe", el decreto gubernamental
que creó la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, cercenó el
espíritu y la letra de dicho Informe pues limitó su accionar sólo a los "casos
de personas muertas o detenidas y desaparecidas".
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Dr. Sandor Arancibia,
ex Intendente de Valdivia,
Investigador científico del INSERM,
Universidad de Montpellier II, Francia
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