Hija de desaparecido por la dictadura de Omar Torrijos expresa su
solidaridad con víctimas de la Esmeralda
Reproducimos a continuación el testimonio y expresión de
solidaridad que nos ha hecho llegar Patria Portugal, hija de Heliodoro Portugal,
desaparecido por la dictadura de Omar Torrijos en Panamá. La relación que Patria
hace del desaparecimiento de su padre no es ajena a los cientos de miles de
desaparecidos y torturados por las dictaduras militares latinoamericanas, como
tampoco a los regímenes "democráticos" de turno que buscan volver a hacerles
desaparecer y siguen torturando psicológicamente a sus familiares, las víctimas
del "nuevo orden".
Ciudad de Panamá, 1º de mayo del 2003
Queridos amigos:
Sólo las personas que hemos sufrido la desaparición de un ser querido, pueden
entender la clase de dolor y frustración, que es parte de nuestra vida
cotidiana, una herida sin sanar.
Estoy muy conmovida con la historia del Padre Miguel [Woodward].
¡Cuánto habrá sufrido en
sus últimos momentos de vida! Eso es parte de lo que yo no he podido superar, no
la muerte en sí, de un hermano, de un padre como en mi caso, sino que me tortura
imaginarme todo los maltratos físicos y emocionales que les dieron hasta
terminar con sus vidas.
Heliodoro Portugal es el nombre de mi padre desaparecido en mayo de 1970, bajo
la dictadura del general Omar Torrijos.
Heliodoro Portugal simpre se activó en la lucha de clases sociales, participó en la
gesta patriótica del 9 de enero de 1964, donde perdieron la vida muchos
compañeros de ideales y lucha; se manifestó en contra del golpe militar de 1968,
lo que le trajo como consecuencia un año en prisión sin delito alguno, sólo por
sus ideas. Lo dejaron en libertad después de un año y sólo dejaron que pasara un
par de meses para desaparecerlo.
Portugal estaba en un café llamado "El Café Coca Cola" charlando con unos amigos
cuando llegó un taxi rojo con cuatro individuos armados y lo obligaron a subirse
a él. Esa fue la ultima vez que mi padre fue visto. En ese momento yo tenia 5
años y mi hermanito no cumplía aun el año de edad. Mi madre, mi hermano en
brazos de mi madre y yo lo buscamos por todas las cárceles y hospitales. Todo
fue en vano. Las autoridades negaban su paradero. Según ellos no sabían nada de
Heliodoro Portugal.
Pasó un mes de la desaparición de Heliodoro cuando llega un policia a la casa de
mi abuela paterna y el policia asustado le dice "Portugal manda a decir que está
preso en el cuatel de Tocumén. No se preocupe que él va a salir." Nunca más se
supo de su paradero.
La vida continuó para nosotros, com mucho miedo, con traumas, con dolor,
necesidades económicas, ansiedad y rabia no superada. Cuando crecí lo busqué,
investigué, traté de saber lo más posible sobre su paradero sin ningun
resultado. En mi inocencia de niña, yo esperaba su regreso y que me subiera a
sus hombros como siempre, pero nunca volvió. Cuando me hice mujer, entonces me
di cuenta que nunca lo encontraría con vida, pero me hice la promesa de que yo
no me podía
morir sin saber qué fue de él.
De vez en cuando yo escribía algun artículo en los periódicos como para que se
les moviera el piso a sus asesinos cuando leyeran el nombre de Portugal.
La dictadura militar estuvo en el poder por 21 años. En ese tiempo no se podía
poner ninguna denuncia por temor a perder la vida. No fue hasta 1990 que puse
la denuncia en la Fiscalía por la desaparición de Heliodoro Portugal, mi padre
amado y extrañado por siempre.
Después de la caida del régimen militar, yo creí que era el momento de hacerle
justicia a mi padre, aun cuando habían pasado 20 años, pero me equivoqué: no
investigaron nada; sólo estaba en ese expediente lo que yo aporté y el fiscal
pidió un sobreceimiento definitivo porque ellos alegaban que habían pasado 20
años y se daba lo de la prescrición de la acción penal. El juez le dio un
sobreseimiento provisional y ahí se quedó el caso estancado por 10 años más.
En 1999 un policía le habla al Arsobispo de Panamá que él vio hacia ya 30 años,
cuando en el motor pool del cuatel de Tocumén estaban enterrando a una persona
en horas de la madrugada. Ese testigo pensaba que podía ser el sacerdote
colombiano Héctor Gallegos desaparecido en 1971. Héctor Gallegos es el único
desaparecido que se ha buscodo en un país donde hay mas de 140 personas
desaparecidas durante la dictadura, supongo que por el poder de la Iglesia
Católica, mientras nosotros, yo con muy pocos recursos, casi nada, más bien con
la ayuda de Dios encontré a mi padre enterrado en ese cuartel despues de 30
años. Su cuerpo fue torturado. Tenia un golpe contundente en el cráneo. Antes de
morir su pierna estaba rota. Le tenían amarrada sus muñecas con cinta adhesiva.
Su cabeza también estaba vendada con cinta, pero encontrarlo y darle cristiana
sepultura y darle una tumba digna como lo merece cualquier ser humano me da un
poco de Paz.
Despues de un año, el 3 de septiembre del 2001, me cita el Procurador General de
la Nación a su despacho en compañia de otras personas para informarme que otro
laboratorio habia realizado otras pruebas de ADN y que dio como resultado que la
osamenta que yo tenía enterrada NO PERTENECIA A MI PADRE HELIODORO PORTUGAL.
La dictadura militar asesinó a mi padre. Fue el gobieno de ese entoces dirigido
por Omar Torrijos, el culpable de todas nuestras desgracias, pero este gobierno,
que es heredero de los verdaderos mártires de la "Democracia" son también
complices de no sólo el crimen de mi padre, sino de todos los demás que
reclamamos
justicia porque nosotros, los familiares, también somos victimas y ellos
permanecen en un silencio cómplice.
Todavía, en supuesta democracia, me han querido desaparecer a mi padre por sugunda
vez, pero ni Dios ni yo se lo permitimos, Portugal dejó su semillita para
defenderlo y para que cuando consiga la justicia esperda, él pueda descansar en
paz en los brazos de Dios. Sólo entonces su hija también estará en paz con la
humanidad.
Prometo que haré todo lo posible para que en mi país repudien y condenen a ese
buque de la muerte y la tortura y que no sea permitido en ésta, mi tierra,
Panamá, en la que también muchos de sus hijos han sido desaparecidos, torturados
y asesinados.
Esto es una promesa. Y una promesa para mí, es una deuda.
La hija de Portugal