El comandante del Latorre denunció los crímenes de la
Esmeralda
por Germán F.
Westphal
Según diversa información que circula en Internet, se identifica de la misma
manera a los violadores de los derechos humanos y a quienes tenían mando al
momento del golpe militar de 1973. El origen de dicha información confusa tuvo
por fuente dos listados que publicó el semanario El Siglo en su Nº 8.698 de enero
del 2002, con títulos diferenciados de los agentes de la DINA y quienes eran
miembros de las FF.AA. con mando al 11 de septiembre y que
son los que tienen o pueden tener conocimiento de las circunstancias de los
secuestros, tortura y muerte de los detenidos desaparecidos. Con posterioridad,
diversos sitios electrónicos publicaron dichos listados sin hacer la
diferenciación que claramente contenía la publicación de El Siglo.
En la información señalada
figura el nombre de Carlos Fanta Núñez, ya fallecido. Al
respecto cabe aclarar que Carlos Fanta Núñez fue efectivamente comandante del
crucero Latorre al 11 de septiembre de 1973 y que es un hecho público y
reconocido por quienes lo conocieron que jamás amparó y, muy por el contrario,
siempre condenó que se mantuviera en los institutos armados y al margen de la
justicia a reconocidos autores de delitos de lesa humanidad, junto a los cuales
ahora lamentablemente se ve vinculado por la información equivocada que circula en
Internet.
El comandante Carlos Fanta Nuñez fué llamado a retiro el 29 de octubre de 1973,
cuarenta y ocho días después del golpe militar, siendo su hogar vigilado y su
correspondencia violada. No se incorporó al cuerpo de almirantes y oficiales en
retiro y se negó por dos décadas a concurrir al buque-escuela Esmeralda. De
hecho, el Comandante Fanta fue testigo de su utilización como centro de
detención y tortura, todo lo cual declaró en su oportunidad ante la Comisión
Nacional de
Verdad y Reconciliación.

A mayor abundamiento, incluimos la siguiente información:
Caso Woodward: Avances en proceso permiten investigar la Esmeralda
FUENTE: www.primeralinea.cl (Ver
www.lanacion.cl )
FECHA: 3 de junio del 2002
Las estadísticas de organizaciones de derechos humanos hablan que cerca de 500
personas estuvieron detenidas en el Buque Escuela Esmeralda, aún así pese a lo
abultado de las cifras los procesos sobre este centro de tortura se encuentran
sumidos en el olvido, con la excepción del caso del sacerdote Woodward, proceso
emblemático de la Quinta Región.
Bajo el mando de la Armada el buque escuela Esmeralda se convirtió
inmediatamente después del Golpe del Estado en lugar de tránsito, detención y
tortura de al menos medio millar de personas que deambularon por sus pasillos y
entre los cuales, una de las figuras más recordadas por la crueldad de los
tratos que debió enfrentar, fue el sacerdote Michael Woodward.
La investigación que hoy se desarrolla en tribunales a cargo de la ministra de
fuero Gabriela Corti intenta develar las responsabilidades de la plana mayor de
la Armada en el crimen y, al mismo tiempo, trazar los nexos con el Servicio de
Inteligencia Naval (SIN) que tuvo como centro de operaciones en la Quinta Región
el Cuartel Almirante Silva Palma.
Es por eso que la magistrada, que mantiene el sumario en secreto para todas las
partes, decretó una orden amplia de investigar a la policía civil, la que en
primera instancia considera tomar declaraciones a cada una de las personas
mencionadas en la querella que presentó a principios de año el abogado Sergio
Concha. Junto a ello, se interioriza del expediente que se tramitaba en el
Primer Juzgado del Crimen de Valparaíso sobre inhumación ilegal, causa donde el
Programa de Derechos Humanos del ministerio del Interior tiene un rol
gravitante.
Independiente de las acciones judiciales en marcha, la causa abierta de Woodward
ha generado un notable efecto en los procesos de derechos humanos de la Quinta
Región que con la excepción del desaparecimiento del ex interventor de la
Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), Jaime Aldoney y la denominada Matanza de
Quillota, viven sumidos en el estancamiento.
Se estima que la investigación de la jueza Corti podría ir más allá del caso
Woodward e intentar develar cómo operó uno de los centros de tortura más
reconocidos y en donde la Armada ha hecho oídos sordos de las acusaciones en su
contra.
Los antecedentes aportados por la Comisión [Etica]
contra la Tortura de la Quinta Región
señalan que por la Esmeralda
deambularon 500 detenidos políticos, mil por el
buque "Maipo" y por el "Lebu", barco cedido por la compañía Sudamericana de Vapores,
nada menos que cuatro mil.
Los mismos informes sostienen que por el Estadio de Valparaíso pasaron cerca de
tres mil personas, por la Academia de Guerra [Naval]
y el Cuartel Silva Palma cuatro
mil, por recintos pertenecientes al Ejército dos mil y por campos de
concentración como Puchuncaví y Ritoque dos mil detenidos. Las abrumadoras sumas
aumentan cuando se considera que los aprehendidos en comisarías de Carabineros
fueron alrededor de dos mil personas, en recintos de
[la Policía Civil de ]
Investigaciones mil y
centros secretos de la DINA y la CNI de la zona, dos mil.
En todo caso, la Comisión es cauta en señalar que estas son cifras estimativas
que podrían experimentar abruptos cambios si se considera que muchos detenidos
pasaron dos veces por el mismo recinto u otros sólo declararon haber
pasado por un
campo de prisioneros, siendo que en su triste travesía conocieron más de un
centro.
Es por ello que los testimonios sobre agresiones abundan y en ellos
existe la
tónica de las interminables sesiones de torturas que muchas veces concluían con
su traslado hasta Pisagua, donde las vejaciones, y tal vez la muerte, eran
consecuencia inmediata.
El Informe Rettig es más concreto y señala que "en esta Provincia la Armada
empleó como lugares de reclusión, interrogatorio y/o tortura los barcos Lebu ,
Maipo y el Buque Escuela Esmeralda, estos tres en el puerto de Valparaíso; la
Base Aeronaval El Belloto; la Academia de Guerra Naval y especialmente una de
sus dependencias, el Cuartel Silva Palma". Añade que en el caso de la Esmeralda
"las investigaciones practicadas por esta Comisión permitieron comprobar que una
unidad especializada de la Armada se instaló en su interior con el objeto de
interrogar a los detenidos que se encontraban en la misma nave y a los que eran
traídos desde otros recintos de reclusión de la Armada. Esos interrogatorios,
por regla general, incluían torturas y malos tratos".
Otros testimonios
Pero existen también testimonios que el paso del tiempo ha dejado plasmado como
el caso del capitán en retiro Carlos Fanta, fallecido, quien intentó salvar
infructuosamente la vida del sacerdote. Los informes de la época transmitidos
entre los sobrevivientes señalan que mientras el sacerdote era torturado se
informó a Fanta, quien se desempeñaba como comandante del crucero Latorre, sobre
el precario estado de salud del prelado, tras lo cual éste ordenó que el médico
Kenneth Gleisser Joo lo asistiera. Tras revisar al detenido el facultativo
informó que se trataba de un cura del Cerro Alegre y que se encontraba en
deplorable estado, tras lo cual le indicó que no sobreviviría, y que había sido
enviado al hospital Naval. Lo cierto es que las gestiones no impidieron que el
sacerdote falleciera en el traslado. El comandante Carlos Fanta Nuñez fue
llamado a retiro el 29 de octubre de 1973, y de acuerdo a los antecedentes
recogidos por agrupaciones de derechos humanos, su hogar fue vigilado y su
correspondencia violada.
A la fecha los antecedentes recopilados por las agrupaciones de derechos humanos
entregan una larga nómina de presuntos responsables de los crímenes acaecidos al
interior del Buque Escuela. En la lista figuran el ex vicealmirante Adolfo
Walbaum Wieber, Comandante de la Primera Zona Naval; ex vicealmirante Pablo
Weber Munnich, Comandante en Jefe de la Escuadra; contra-almirante (r) Hugo
Cabezas Videla, Jefe Estado Mayor de la Armada; capitán de Navío (r) Sergio
Huidobro Justinian; capitán de Navío (r) Guillermo Aldoney Hansen, Jefe Estado
Mayor de la Primera Zona Naval; capitán de Navío (r) Carlos Borrowman Sanhueza y
ex director de la Escuela Naval; capitán de Navío (r) Raúl López Silva y ex
director de la Academia de Guerra Naval; capitán de Navío (r) Homero Salinas
Núñez y ex director de la Escuela de Ingeniería Naval; capitán de Navío (r) Arnt
Arentsen Pettersen y ex director de la Escuela Infantería de Marina; capitán de
Navío (r) Jorge Sabugo Silva, ex Comandante del Buque Escuela Esmeralda; capitán
de Navío (r) Hernán Sepúlveda Gore, ex Comandante de Infantería de la Marina;
capitán de Fragata (r) Jorge Davanzo Cintolesi, ex director de la Escuela de
Armamento; capitán de Fragata (r) Hernán Soto-Aguilar y ex subdirector de la
Escuela de Infantería de la Marina; capitán de Fragata (r) Julio Vergara y ex
jefe Servicio de Inteligencia Naval en la Primera Zona; teniente (r) Luis
Rebolledo; teniente (r) Guillermo Morera de la Infantería Marina Motonave Lebu;
y teniente (r) Rafael Yussef de la Motonave Lebu.
Sobre esta la ministra Corti intenta develar el funcionamiento del aparato
represivo de la Armada e hilar datos que puedan servir para reparar las
agresiones vividas por otros detenidos que pasaron por la Esmeralda.

Sangre sobre la Esmeralda. Edward Crouzet. Editorial Chile América - CESOC.
Notas anexas de páginas 189,
190 y 191:
36. Este y el siguiente testimonio es del Capitán Carlos Fanta. Un sacerdote de
la diócesis de Valparaíso, que durante muchos años dirigía un grupo semanal
dedicado a la oración y estudio de la Biblia, me puso en contacto con el Capitán
de la Armada, jubilado, Carlos Fanta. Carlos Fanta era miembro del grupo. El
testimonio que me dio y que más tarde dio a la Comisión
de Justicia y Verdad
(Comisión Rettig [Oficialmente, Comisión
Nacional de Verdad y Reconciliación]), instituida por el Presidente Aylwin en 1990, había sido
facilitado a los miembros del grupo de oración y a otros amigos hace muchos años
y nunca había sido tratado como secreto.
Carlos Fanta comandó la Esmeralda en su crucero mundial en 1968. Por este
motivo muchos oficiales de rango medio habían servido bajo su mando. Algunos
oficiales de alto rango, incluyendo los que organizaron el golpe, eran sus
colegas. En el momento del golpe era capitán mayor en la Armada chilena, a punto
de ser ascendido a Almirante. Apoyó los fines del golpe, pero con la condición
de que habría elecciones dentro de 60 días. Su opinión era que los miembros de
la Junta, a los que conocía personalmente, estaban disfrutando tanto de la
experiencia de poder que decidieron no soltarlo.
En octubre de 1973, al Latorre, que comandaba Fanta, le tocaba ser reparado y
Fanta fue destinado a Talcahuano, en el sur, como comandante temporal de una de
las zonas militares en que había sido dividido el país durante el estado de
sitio. Parte de su trabajo consistía en presidir los tribunales de todos
aquellos activistas políticos de la izquierda (incluyendo ministros del
gobierno) que habían apoyado la transición al socialismo bajo Allende. Muchos de
éstos fueron condenados a muerte. Fanta, sin embargo, discrepó de sus colegas, y
se negó a dictar ninguna sentencia de muerte. Como resultado, alega, el 29 de
octubre recibió orden de retirarse del servicio. No le molestaron más y
consiguió un trabajo que durante los siguientes 15 años le llevó a pilotar
embarcaciones mercantiles entre Buenos Aires y los puertos de Chile, vía el
Estrecho de Magallanes. Aunque los hechos que me contó sobre su carrera le
podían haber causado resentimiento en contra del régimen de Pinochet, me dio la
impresión de ser un hombre íntegro con suficiente peso moral entre sus iguales
como para expresar sus opiniones abiertamente.
38. Fanta me contó su historia el 18 de agosto de 1990. El 11 de septiembre
después de haber intentado que el Dr. Gleiser confirmara su relato, me informó
que Gleiser, que entonces aún servía de oficial en la Armada, se negó a
encontrarse con Fanta para conversar, y declaró que no se acordaba de nada de
esto: "Había tantos casos de este tipo". Fanta, corrigiendo su propia historia,
me dijo más tarde que al haber consultado a sus colegas, pensaba ahora que
Miguel [Woodward] no había sido detenido en la Esmeralda, pero que le habían
llevado allí, presumiblemente desde el Lebu, en estado crítico, sin poder
caminar y que había sido atendido por el Dr. Gleiser o bien en el muelle o en la
cubierta de la Esmeralda. Yo tiendo a dudar de esta corrección en vista de los
fuertes sentimientos que Fanta y otros oficiales sienten por
"La Dama Blanca" y
también por los testimonios de Alicia Gil de Zamorano, Jorge Gabaude y
Maximiliano Marholz, así como del inconsciente testimonio del vespertino de
Valparaíso, La Estrella, del 22 de septiembre, un diario que tenía que pasar
por la censura militar. El capitán de la Esmeralda en este momento era el
Capitán (ahora Almirante) Jorge Sabugo Silva.
39. En sus últimos años en la Armada, el Concejal
Marholz había sido instructor
de practicantes en la Escuela de Sanidad Naval en Playa Ancha. En una
conversación conmigo en 1992 afirmó que un antiguo alumno, un practicante a
quien había dado clases durante ese período y con quien se encontró un día por
casualidad (pero cuyo nombre no recordaba),
le contó que él - el antiguo alumno - había atendido al cura gringo en la
ambulancia y que había muerto camino al
hospital. En vista de la coincidencia, pero independientemente del testimonio de
Carlos Fanta, es probable que fuese cierto.