El buque "Esmeralda", símbolo de la impunidad criminal en Chile

 The "Esmeralda" ship, a symbol of criminal impunity in Chile

Home - Principal
Ultima Hora
News - Noticias - 2005
News - Noticias - 2004
News - Noticias - 2003
Take action-Actue
Victims-Victimas
History - Historia
Testimonios-Testimonies
Criminals-Criminales
Documentos-Documents
Contribucion-Contribution
Busqueda-Search
Links-Lazos
Who we are-Quienes somos

PACTO DE HONOR  a Miguel Woodward


Mapaz García Huidobro


Desde lo alto de los cerros observo la llegada del buque Esmeralda bajo un cielo de nubarrones y viento. Una multitud espera en el muelle. Levanto los binoculares y observo. Sus marinos y oficiales están formados en la cubierta. El capitán está pasando revista. Da algunas órdenes y al fin se vuelve hacia el puerto afirmando sus manos en la baranda. No ha cambiado, es el mismo hombre alto y delgado que conocí hace 20 años. Sus ojos buscan entre la multitud. Pero la cita es mañana.

Espero sentado en la Iglesia de la Matriz, frente a la placa que recuerda el martirio de Miguel. Veo, como en una película vieja, la patrulla de marinos irrumpiendo, golpeando, gritando, hasta que lo sacan ensangrentado. No volví a saber de él hasta hoy, cuando apareció en la sacristía.

Acababa de terminar de dar la última misa cuando lo vi a mi lado. Fue extraño que no lo reconociera de inmediato, porque en esta fecha siempre lo recuerdo. Quise abrazarlo, pero me detuvo. Escúchame, -dijo y habló con voz calmada hasta que asentí con mi cabeza.

Amanece; es la hora de la cita.

La bruma está entrando en el puerto y apenas distingo a los dos marinos junto a la lancha que me llevan hasta el buque. Subo a la cubierta donde el capitán me espera. No ha cambiado mucho, salvo los ojos que perdieron el color para convertirse en algo desvaídoŠ vidrioso.

En la bodega es nuestra cita.

Bajamos las escalas. Los muros están pintados de azul. Antes eran blancos, pero quedaron manchados; las manchas de sangre necesitan pintura nueva.

Lo recuerdo fumando en cubierta junto a los otros oficiales. Reían. Sólo se distinguía la brasa encendida de los cigarros. Luego, las risas fueron acalladas por los gritos de dolor cuando apagaron sus cigarros en mi espalda y en la de mis compañeros.

Vuelvo a sentir el dolor. A oler la piel quemada.

Estamos frente a frente y lo veo mirando con miedo mi rostro. Retrocede, tropieza y cae. Tiendo la mano para ayudarlo y se tapa el rostro con un brazo para atajar un golpe que jamás le daré.

-¿Sabía que estaba torturando a un sacerdote?

-Sí, lo sabíamos. Era un hombre peligroso.

-¿Peligroso? ¿Qué daño le hizo a usted?

-Tenía ideas revolucionarias. Si no lo matábamos, él nos hubiera asesinado a nosotros. Tenían planes, tenían armas, tenían todoŠ

-Sabe que no, que eso no es verdad -lo interrumpo. -Los sacerdotes no tienen armas, no asesinan, no torturan. Usted sí.

Con movimiento doloroso, eleva su mano al corazón. Sé que le queda poco tiempo.

-Fue una época difícil. No lo entendería. -su respiración es agitada.

-Explíquemelo. Intentaré comprender.

-Usted no puede comprender. Fue un honor que nos concedieron. Por eso, porque la Esmeralda significa el orgullo de nuestra marina y de Chile.

La mano se le enrosca al pecho, tratando de atrapar el dolor.

Subo, atrás queda ese anciano soberbio, como un títere desarticulado en el suelo. Arriba siento el sol que despeja la niebla. Miro hacia lo alto, hacia los cerros. Miguel se ha ido, yo he regresado.

A veces la memoria es el más victorioso de los regresos.

NO OLVIDARAS

a Miguel Woodward



Mapaz García Huidobro

Estuve en el Puerto de Valparaíso la semana pasada. Quería visitar nuevamente la Iglesia de la Matriz, donde en su interior está la placa conmemorativa del martirio que sufrió el sacerdote Miguel Woodward.

Pensé debía ir a verlo nuevamente. Decirle que... Pero ¿qué podía decirle a alguien que murió torturado en 1973? Que la tortura y la muerte sólo valen judicialmente a partir de 1988. Que su sufrimiento y asesinato quedará así, en silencio; que no habrá justicia para él. Que ... Tantas cosas que quería decir. Pero por sobre todo decir:

NO OLVIDAREMOS

La Iglesia está en penumbras, sólo la luz de la tarde que se filtra por las ventanas ilumina la placa de bronce con su nombre. "Miguel Woodward Yriberry, muerto por tortura, 1973". Estamos frente a frente. Un diálogo sin palabras de su parte, sólo pensamientos que se entrecruzan.

-Me duele saber que su tortura, su asesinato no será condenado. Quería que no lo olvidaran, quería que recordaran nuevamente, -pienso y su respuesta entra devuelta en otro pensamiento, con otra voz interior:

¿Cómo podrían olvidar? Fuimos miles los torturados, los que desaparecimos. ¿Ya no nos recuerdan?

No contesto, ¿qué puedo decir?

¿Siguen torturando y asesinando? No sólo acá, sino en todos lados, ¿verdad? -siento su voz.

-Sí, y a veces deseo irme tan lejos como usted.

NO. Siga luchando. Busque los nombres de los sacerdotes Antonio Llidó, desaparecido y André Jarlan, asesinado. De tantos otros. -me llega su tristeza.

-Ahora el General Pinochet está detenido en Londres y no lo juzgarán por delitos cometidos antes de 1988 pero acá en Chile, sería aún peor, no lo tocarían, no se atreven. -trato de explicar lo inexplicable.

¿Está detenido en Londres? Siento su extrañeza. ¡Qué curiosa es la vida, verdad? Inglaterra... la tierra de mis ancestros.

Nos quedamos en silencio. -Debo irme. -le escucho. -Espero que alguna vez hagan una ley, un nuevo mandamiento: NO OLVIDARÁS.

-No Olvidaré, -digo fuerte,

y el eco recorre la iglesia.

Escucho pasos que se alejan hacia la puerta que se abre y el viento tibio entra. Afuera está el mar lejano y los ruidos cotidianos me rodean.

Miro el nombre escrito en su placa. La toco con los dedos. -Sí, seguiré luchando para que no los olviden -digo y también yo salgo por esa puerta.

Afuera me espera la Hermana que me ha permitido entrar a la Iglesia de la Matriz. -Gracias, pero ¿qué se hizo el Cristo de los Pobres que estaba mirando al mar sentado en esa piedra? -señalo la roca cercana.

-Se rompió en el último terremoto -me explica.

-No puede ser Hermana, yo estuve sentada a sus pies hace menos de un mes.

Sonríe. Piensa que estoy bromeando. Estrecha mi mano, -adiós.

-Adiós -le contesto y no me atrevo a decir nada más. Bajo las escalas. El sol da de lleno en los hombres míseros que sentados junto a sus perros me observan. Ninguno extiende la mano, están en silencio, esperando.

Miguel Woodward, sacerdote anglochileno torturado hasta la muerte en la 'ESMERALDA', buque escuela de la Armada de Chile, que año tras año recorre el mundo. La llaman La dama blanca. Pero está manchada con la sangre de muchas víctimas del Golpe Militar de 1973.
 

FUENTE: http://webs.demasiado.com/mapaz/dictadura/2000cuentos.html

Pagina puesta al dia / Updated 15 March 2006     -       Webmaster